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Yo, ciencia

Un manifiesto • por LoneSlone

¿Cuál es “La Verdad”?

Vivimos rodeados de mentiras. No de errores honestos, sino de falsedades deliberadas que millones de personas e instituciones propagan en beneficio propio. El viejo principio de que el fin justifica los medios ha dejado de ser una advertencia moral para convertirse en el método de trabajo. La verdad queda opacada, anulada, sacrificada con total desprecio en aras del provecho personal o ideológico de quien puede hacerlo.

Esta deriva es trágica para el conjunto de la humanidad, y no por razones abstractas. Somos una especie imperfecta que se ha superado a sí misma gracias a la transmisión del conocimiento. Si no hubiéramos sido capaces de recordar, enseñar y acumular descubrimientos, métodos e invenciones, seguiríamos siendo cavernícolas. El progreso humano es, en esencia, un ejercicio colectivo de memoria y aprendizaje.

Internet representó una oportunidad extraordinaria en ese sentido: poner a disposición de cualquier persona una cantidad de información tal que la humanidad podría haberse ahorrado décadas de ensayo y error, llegando en poco tiempo a conclusiones que antes hubieren costado años. Esa promesa sigue latente, una posibilidad real, en potencia. Pero ha sido colonizada.

Los que usan la mentira como instrumento para alcanzar sus fines son hoy tan numerosos, y sus técnicas tan sofisticadas, que distinguir entre la información falsa y la que se aproxima a la verdad se ha convertido en una tarea que exige un esfuerzo casi heroico. Y la mayoría, con razón, no tiene ni el tiempo ni las herramientas para afrontarlo.

Vivimos en un mundo falso, donde la apariencia cuenta más que el mensaje, donde el impacto sustituye a lo sustancial.

¿Qué son “Las Clases”?

La culpa no es de los políticos (incluyendo en esa categoría a los religiosos o políticos con atavío respaldados por antiguas ideologías, enormes patrimonios y monumentos, que son sus mejores herramientas de propaganda), no. La culpa es de los 8.300 millones de personas que pueblan este mundo de los cuales un 76% se declara creyente de alguna religión.

7% de la población mundial vive bajo una democracia plena, aunque la democracia es otro sistema de control del poder y el dinero.

El experimento de Milgram demostró que hasta el 65% de las personas están dispuestas a seguir el dictado de una autoridad.

Casi la totalidad (99%) está dispuesta a creer lo que les cuenta la historia, una voz o internet.

Por supuesto es más gratificante la diversión que el trabajo, es más fácil creer que pensar, incluso si ello significa mortificación o pérdida de libertad y es más tentador permitir que otros tomen las decisiones mientras nosotros nos dedicamos a nuestro ego.

Solo un 1,6% de la población mundial adulta vive con un patrimonio superior a $1 millón de dólares. El otro 98,4% tiene que luchar para sobrevivir y no dispone de tiempo ni recursos para dedicarlos a otra cosa que no sea sobrevivir como sea.

¿Qué es “El Sistema”?

1. Quien controla el dinero, controla el mundo.
2. Quien controla los Bancos Centrales, controla el dinero, su emisión y redistribución.
3. Aquellas entidades que participan en la redistribución como las bolsas y sus colonizadores los fondos de inversión como BlackRock o Vanguard, entidades de custodia, cámaras de compensación, plataformas y empresas de intermediación y brokerage.
4. Las entidades reguladoras que influyen en la legislación y velan por la rigidez del sistema que permite enriquecerse a una élite.
5. Y finalmente la política, la gran estafa, la herramienta de falseamiento suprema que engaña al lumpen a cambio de una tajada, para complacer a quienes controlan los bancos, las entidades de redistribución y la legislación.

¿Hay esperanza?

Yo, no la veo. Mi pesimismo deviene al proyectar la tendencia de la civilización, encaminada irremediablemente a la extinción, al no estar preparada para afrontar ningún reto realmente grave que pudiere ocurrir, como el agotamiento de la naturaleza, una gran crisis económica, una gran erupción volcánica, un asteroide o la invasión alienígena.

Pero si ninguna catástrofe lo hace, el peligro mayor y más seguro es que nos encaminamos a la inevitable autodestrucción:

  • 1. Porque la innovación tecnológica supera nuestra capacidad para manejarla. Ejemplo: creamos robots e IAs sin condicionarlas, creamos armas que pueden destruir varias veces el planeta sin seguridad de que en algún momento pueda ocurrir un estúpido accidente como el de Fauld, Staffordshire.
  • 2. Porque no existe cooperación internacional, sino por el contrario competición despiadada por los recursos.
  • 3. Porque agotamos todos los recursos y destruimos el planeta en aras de una compulsiva ansia personal.
  • 4. Porque ponemos nuestro destino en manos de locos, a sabiendas de que nos mienten.

Y sin embargo, sigo escribiendo. Porque la ciencia no es salvación ni consuelo. Es método. Y la racionalidad es lo único que nos queda.

Ahora dedícate a algo saludable para tu mente, como leer los relatos de LoneSlone.